
Noches negras sin colores,
angustiosas, solitarias,
trayendo tus olores.
Retorciéndome, buscándote,
un indicio, una señal,
aproximándome a la realidad.
Alejo tristezas y atesoro felicidades,
momentos de ensueño y amor.
Agradezco los placeres múltiples,
prodigados por tus brazos.
Eran maravillas impensadas,
pero separadas de tus caricias.
Acepto este tormento,
como sensata separación ,
de una aparente madurez.
Consciente estoy,
del disimulo de nuestro amor,
entre tantas lágrimas escondidas.
Quedaron en el pasado,
los encuentros furtivos,
las alegrías íntimas,
los proyectos, un futuro juntos.
Sólo aleteos de caricias
huyendo en el viento.
Mañana, algún día,
me será necesaria tu contemplación;
entonces romperé en llanto
como ahora lo hago,
viéndome en el espejo,
los pliegues curtidos de mi rostro.
Al instante siguiente sonrío,
te tengo atrapado,
estás en mi interior.
No podrás olvidar
el pasado que se enroscará
carcomiendo tu alma.
Te guste o no,
entre tu y yo
formamos un solo pellejo.
Aventajamos a otros seres
que dejamos en la vía
como huellas del desamor.
Sin dudarlo,
agarrotados mis dedos,
en febril lazo femenil
te envolveré totalmente.
Hasta el final atado a mi
en maldición existencial te quedarás.
Esta no es amenaza ni visión,
porque lejos estoy de ser guerrera
o una avezada adivina,
simplemente así será.
Entre promesas lo digo:
De ti... ¡me dejaré lo mejor!